Por más de cincuenta años, el Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad—La Ermita—ha sido un faro de fe, esperanza e identidad.
Construido por exiliados cubanos en la década de 1960, se convirtió en un lugar de consuelo y paz—donde la oración reemplazó la incertidumbre y la fe abrió camino hacia el futuro.
Aquí, generaciones se han reunido para orar, dar gracias y encontrar consuelo.
Para muchos, es más que un Santuario—es hogar.